Píldoras radiofónicas Pop-pins, cap. 3
Helia dejó este capítulo grabado antes de irse a Londres. Chusé Fernández me ha comentado que desde allí algo ha mandado para las próximas entregas: aún no sé de qué se trata. Ya veremos.
Mientras tanto, ya sabéis que las Píldoras radiofónicas se emiten por el 98.9 de TEA FM, también on line en www.digitea.com (martes, 22.15), y los podcasts los encontráis en el Canal Pop-pins de iVoox.
Piccadilly Circus
Este blog/bitácora, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, debe atestiguar no sólo qué cosa es Pop-pins, cómo va avanzando (o no, que de todo hay, ya lo sabéis), sino también la mayor parte posible de las circunstancias que sustenten, rodeen, favorezcan o dificulten la construcción de Pop-pins. Por eso tengo que apuntar aquí, como por otro lado hice en mi blog personal, lo que sigue: el día 20, un día después del último post hasta hoy (fecha: 19 de agosto, como puede leerse con sólo descender un poco el scroll de la pantalla), la persona a la que me refería en ese texto, la que más directamente tiene que ver con Albertina-personaje, se fue, definitivamente, digamos. Seguramente es un defecto estúpido por mi parte, pero no puedo acostumbrarme a la muerte. Quizás tampoco a las desapariciones. Transcurro estos días por entre la sensación de echar de menos, aguardando con serenidad, eso sí, que los gestos ahora huecos vayan adelgazándose. Y pienso que toda escritura tiene que ver con ello (nada nuevo digo). Y también Pop-pins tiene que ver con todo esto. Bien, quizás sean una anotación y una constatación demasiado personales, quizás, para la naturaleza de este blog. Pero he tenido la necesidad de que figuraran en él. Una cuestión de tripas: a las que de vez en cuando me gusta hacer caso.
El viaje ha de proseguir. Pop-pins debe construirse; estoy convencida. Así que intento retomar paulatinamente el trabajo. Un trabajo que, sinceramente, me divierte mucho, aunque a menudo me atemorice. Pero eso no importa. En el convencimiento de que ya es hora de continuar, me he puesto a espiar a Helia. Está en Londres. Sigue allí, como en acción congelada. Al menos para mí, porque no puedo asegurar que ella por su cuenta no halla proseguido su propia historia, ajena a mi, sin tenerme presente para nada, sin acordarse si quiera de brindarme un poco de compañía en estos días algo tristes. Es lo que tienen los personajes: no miran mucho del otro lado. A lo mejor me ha pillado ya ojeriza porque ha adivinado lo que voy tramando. Y no creo que le vaya a parecer bien. Pero ella es lista, tiene que defenderse (de hecho lo hace a través de su programita de radio). Hace un rato la he dejado, inmersa en sus pensamientos, mientras espera en el mísmisimo Piccadilly Circus a Patrick, de momento su típico ex-marido. Digo de momento, es lo que tienen las novelas: nada es definitivo, aunque ya haya sucedido. Al menos para quien las escribe (no sólo mientras se escribe, igualmente después, todo es transformable).
Todos tendréis en la memoria la estampa de Piccadilly: el impresionante exceso de anuncios luminosos sobreponiéndose a la recoleta geometría del urbanismo londinense; un urbanismo burgués desde siempre, como de estar por casa pero arreglado. Reconozco que tiene mucho encanto: un encanto tramposo. Todos recordaréis Piccadilly, pero me apetece poner esta fotografía: es como si viera a Helia en este mismo momento, allí, esperando.
Lo que importa
Prefiero ahora que Helia siga en Londres, porque no puedo ocuparme mucho ni de ella ni de sus exigencias. Ni siquiera puedo dedicarme en este momento a fabricarle la historia que necesita para que su escapada londinense no sea un absurdo hypnopómpico más. Ella quiere algo transcendente. Le he pedido un poco de tiempo para ponernos de acuerdo en cómo vamos a trabajar en Pop-pins. Hemos intercambiado un par de e-mails, porque todavía no me atrevo -ni en estado hypnopómpico- a coger el móvil y llamarla: ¿qué ocurriría?. Me da miedo la colisión de estas dimensiones, lo reconozco. De momento prefiero mantenerlas todavía en paralelo, sin interferirse. Aunque ésto no sea del todo cierto. Pero éso no importa ahora.
En cualquier caso, yo sigo a lo mío de alguna manera. Hay un personaje en Pop-pins ciertamente aglutinador y decisivo: Albertina. Siempre había pensando que Albertina actuaría como transunto simbólico de las experiencias personales e históricas de una determinada generación, en la cual yo he pensado a través de alguién real que conozco de cerca. No cuento más acerca de dicha realidad, porque Pop-pins novela debe conservar su territorio propio. Pero sí puedo decir que me equivocaba de referencia. La persona que realmente hubiera sido capaz de las cuestiones que Albertina tendrá que asumir en Pop-pins, quien inspira la médula espinal del personaje Albertina, es otra que aquella en la que yo había pensado hace tiempo. Es alguien que en estos días se está marchando definitivamente. Y sé que no digo ésto por estar bajo el influjo de la esa especial sensibilidad que se genera en torno a este trance de la desaparición definitiva de alguien muy querido. Simplemente me he dado cuenta de este hecho pre-literario que comparto a base de pensar y pensar durante tantos momentos de estos días, en los que una solamente puede intentar acompañar y esperar con la mayor serenidad posible. Estos días no hay nada más importante. Y tú, Helia, lo sabes perfectamente, por lo que también te corresponde. No obstante, pensar es de todas formas inevitable. Y gracias a ello me he percatado de que no estaba situando bien mi brújula. Lo cierto es que veo mucho más evidente la composición de Albertina: el personaje crece, mientras la persona se va.
Una última cosa por hoy. Desaparición. He situado el marcapáginas en la que hace la número 153 de Dublinesca, la última novela de Enrique Vila-Matas, que tenía sobre la mesa hace tiempo. Me gusta el tratamiento que hace Vila-Matas del asunto de la/s desaparición/es. Creo que que a él el hecho en sí le fascina (en cuanto posibilidad y en cuanto literatura) y le aterra (en cuanto realidad). Pero sin duda lo más abrumador es la desaparición como muerte, y lo es simplemente, como bien apunta Vila-Matas, por la ausencia de testigos del despedazamiento de la identidad (p.141, ed. Seix Barral). Aunque quizás eso sólo sea incapacidad de abandonarse: ¡ay, los griegos! (clásicos, digo).
Importantes cambios
Por fin, ha llegado hace un rato el correo de Helia. Claro que estoy perpleja. Incluso un tanto asustada. Pero no es la primera vez que ésto ocurre. Me tranquilizo argumentando que Helia es un personaje de novela hypnopómpico, lo cual ya implica alguna que otra peculiaridad en su naturaleza literaria o híbrida, no sé. La verdad es que cuando lanzé mi petición de que se pusiera en contacto conmigo, lo hice con cierta incredulidad. Pero si había abierto una cuenta en Twitter y había twiteado ya, significaba que ella había adquirido, posiblemente a través mío, toda una serie de conocimientos y habilidades propias de la “vida real”. Así parece. Después de leer el correo que me ha escrito y que ahora paso a copiar debajo, diría que le tengo envidia: no en cuanto a su vida (que acaso yo conozca mejor que ella), sino porque me recuerda a la protagonista de la serie Embrujada (cuyos poderes siempre quisé para mi: y disculpas pido por esta frivolidad angustiosa).
Transcribo el correo e Helia:
From: heliaalvarez@gmail.com
To: lminana@hotmail.com
Subject:
Date: Fri, 13 Aug 2010 16:54:52 +0200
Querida Luisa,
atiendo tu requerimiento, como es lógico. En realidad, era inevitable ponerme en contacto contigo de una u otra manera. Dependo de ti. Estoy confusa. Sé que dependo de ti. Pero he probado ya a hacer algunas cosas sin tu conocimiento y me he dado cuenta de que puedo. No entiendo, pues, muy bien mi naturaleza. He decidido adoptar vida propia ante tus indecisiones o, perdona, tus imposibilidades para trazar las historias que necesito para seguir siendo, sea lo que sea: personaje o persona. De repente sentí el impulso de alcanzar cierta independencia por lo menos. Así es posible que pueda ayudarte a escribir o a lo que sea. Soy libre sin ti. Pregunta lo que quieras. Ahora estoy en Londres: eso es una pista para ti, pero en el Londres de hoy, no en el que tú andabas pensando estos días, de hace tanto tiempo. Como bien sabes, Patrick no está bien y yo tenía un poco de miedo por él. Pero el viaje no ha sido difícil: los personajes de novela tenemos nuestros privilegios, como este del autoteletransporte.
No te enfades. Al principio fui yo la que se enojó. Se suponía que era yo quien tenía que escribir Pop-pins. Ya habrás visto que en todo caso así es en el mundo paralelo de TEA FM, y por eso me quede muy confundida, cuando percibí que tú estabas haciendo lo mismo en tu cabeza. Tenemos que encontrar una manera de coordinación. Pero me parece que es mejor que yo me independice de ti. Creo que de esta manera tanto tú como yo vamos a estar mejor, y sobre todo vamos a trabajar más. Venga, ánimo, un gran abrazo
Helia Alvárez
Estos días, queridos amigos, no he escrito nada. Estaba confundida respecto al asunto de Helia. Dado el giro de los acontecimientos, habré de replantearme muchas cosas respecto a la construcción de la novela. Además no me encontraba muy bien. Es posible que al, digamos, hacerse Helia independiente, se halla producido un desajuste en “mis circuitos”. Es posible que no sólo tenga que replantearme el hecho en sí de la novela, sino algunas cosas sobre mí misma … Pero la novela, Pop-pins, la voy a escribir yo; Helia no puede hacerlo; una no escribe una novela sobre sí misma, en todo caso escribirá otra cosa…
Helia en Twitter
Sinceramente, estoy un poco perpleja y algo asustada también. No sé cómo ha podido pasar. Unanumo, Pirandello… y algunos más tenían al fin y al cabo razón. Estoy muy mosqueada porque después de emitir ayer el segundo capítulo de las Píldoras Pop-pins, he visto hoy en mi cuenta de Twitter – Luisamiñana- (medio abandonada por falta de tiempo) que Helia se había hecho seguidora (creo que es la única que tengo). Helia tiene cuenta en Twiter y ha twiteado el capítulo de las Píldoras.
Tengo que contaros algo sobre las Píldoras…
Helia, si lees ésto, escríbeme. Tenemos que hablar. Para que veas que no quiero hacerme pasar por ti ni nada de éso, he colocado ya un enlace a la cuenta que has abierto. Es mejor trabajar en equipo, Helia…, eres mi personaje… no puedes vivir sin mi… ni siquiera en algún mundo paralelo… no sé… en fin…
Píldoras radiofónicas Pop-pins, capítulo 2
Emitiremos el minicapítulo 3 de las Píldoras Pop-pins el próximo martes 31 de agosto (TEA FM, 98.9)
Explicándome con Mosteo y un regalo
¿Qué es eso de Pop-pins?
La pregunta es de José Luis Gracia Mosteo, dejada en un comentario a una entrada anterior. Le respondí que en parte ya había yo intentando contarlo de alguna manera: arriba, bajo la cabecera: ¿Qué es Pop-pins?. Pero, entiendo, que el texto allí desplegado es más otro juego (como mismamente “pop-pins” lo es) que una explicación, y a pesar de que, como todo juego, introduzca una buena dosis de riesgo real al ser jugado.
He llegado a este juego porque las formas son, no sólo importantes, a menudo son determinantes. También porque últimamente nuestros ritmos se han acelerado tanto, que desde que una empieza a trabajar en un proyecto hasta que intuye cómo puede finalizarlo (en teoría) todo puede haber cambiado mucho, incluso los elementos, componentes y formas que se van elaborando, eligiendo o desechando a la hora de que el proyecto en cuestión aparezca como algo capaz de ser comunicado.
Querido José Luis, al prinicipio ni siquiera era Pop-pins. Pop-pins es lo último. El título de este proyecto implica mucho, sin embargo. Y eso sí que creo que está más o menos desarrollado en la entrada de este blog a la que hacía referencia antes. Pop-pins indica sobre todo una manera de trabajo:
uno, porque entiendo que no puedo hablar de un tema determinado aislándolo de muchas otras cosas con las que tiene contacto (por proximidad o por referencia cultural), y eso es una actitud “pop”, para que nos aclaremos, o de la cultura de masas, que hubiera dicho Benjamin.
dos, porque no me apetece narrar sólo en base a la lógica de raíz cartesiana (creo que ya todo el mundo es consciente de que los modelos burgueses han fenecido, rip); prefiero la estructura que imita la naturaleza sináptica de nuestro cerebro (bufff), al que no le hacen falta todos los datos para recomponer las percepciones (y eso es un pin: remito al post de presentación de nuevo).
Pero en fin, querido José Luis, Pop-pins es lo último. Y todo es muy sencillo: voy a poco a poco escribiendo una novela que habla de una actriz provinciana que es hypnopómpica y que tiene especiales percepciones de las cosas, lo cual le ayudará a descubrir historias que parecían no existir y que sin embargo han sido determinantes para ella (la vida misma, oiga); en fin que todo es distorsión.
En Pop-pins hay que ordenar un poco muchas cosas: a la propia Mary Poppins -lo que más me ha fascinado siempre de ese cuento es el bolso de la tipa-, la historia de mi generación (una generación que ha estado siempre más despistada que una gamba en un teatro: generación gamba, la llamaremos pues), la pobre Helvia y su desastrosa vida, el tiempo, el tiempo, el tiempo…(que no sólo es tiempo).
Bien, además, como espero que ya hayas leído, estimado José Luis, se trata de que mientras voy escribiendo (o no, como sucede estos días últimos, pues tengo la sensación de haberme quedado en flotante convalecencia tras medio año largo ya de muchas vivencias agotadoras: confieso /este blog me recuerda en parte a los confesionarios de los reality televisivos/:), los amigos y quienes quieran acercarse hasta aquí me acompañen en ese proceso a través de estas notas. Luego están las píldoras de la radio: un mundo fascinante para mí, la radio. Los pequeños espacios de radio teatro son otra manera de hablar de lo mismo: hay o pudiera haber tantas… También vosotros, los amigos, podéis hacerlo, si queréis, e introduciremos así más referencias para la construcción de este invento (que no lo es mío: hay más gente haciendo trabajitos similares, ya lo iremos viendo).
Yo también aprecio realmente tu escritura, y además agradezco tu interés y tu generosidad. Así que de alguna manera, esta foto tomada ayer mismo es una muestra de ese agradecimiento por mi parte, un mínimo regalo: en Zgza el día suele terminar casi siempre así, ya lo sabes:
Un abrazo.
Dudas no categóricas
Antesdeayer terminé -sin contar correcciones, claro- un capítulo (o pop-pin: unidad de contenido, digamos), titulado “El sonido de la carcoma (The beatle death clock)”. Me ha costado un poco, aunque los capítulos de Pop-pins están saliendo muy cortitos. En esta ocasión, en esta novela, lo que más me cuesta es, sin embargo, poner diques a la narración, contener los hilos de pensamiento que salen disparados hacia diversas direcciones; me cuesta porque tengo la sensación de que todo está totalmente interrelacionado y que la presencia escrita de cualquiera de estas aventureras incursiones estaría justificada sobradamente. Pero la escritura también es elección, como todo en la vida. Debe ser elección. Espero que acertada.
La verdad es que escribo con cuentagotas. La actividad mental que trasluce el párrafo anterior ocurre ahora ocasionalmente. Estoy muy cansada a estas alturas de “curso”. Por muchas circunstancias personales y profesionales. Además me temo que algunas de estas circunstancias no van a cambiar a corto plazo. No sé si podré resolver Pop-pins. No lo sé.
Mientras escribo, sigo buscando cosas que apoyen mi escritura. He encontrado una entrevista a Faulkner, que creo que ya había leído, y que no utilizaré. Una en la que afirma que el verdadero escritor -o buen escritor-, (no sé cómo lo expresa exactamente, no la tengo ahora en la pantalla y ya no me apetece buscarla) es el que vive absolutamente centrado en su escritura, capaz de vivir de nada, etc. Supongo que hace años (bastantes) me hubiera parecido una opinión admirable. Ahora no. Es demasiado simple (con perdón). Aunque ya entiendo que la época desde la que Faulkner habla defendía esas posiciones, digamos, un tanto mesiánicas respecto a la labor y el caracter del escritor. De todas formas me ha hecho daño. Me ha hecho dudar aún más de mi misma. Y no porque me autoetiquete como escritora (nadie aparece ya en este mundo como de un único perfil, y además soy una amateur). En fin, paradojas.
Agujeros en el tiempo
(Aclaración previa: le debo un post-explicación a José Luis Gracia Mosteo: y no me olvido; será el siguiente)
Posiblemente abordo la escritura más como un trabajo plástico que como una construcción meramente mental o como un hecho comunicativo. Me gusta ensuciarme durante el trabajo, como los escultores, los pintores, los aficionados al bricolaje. Me gusta fijarme en muchas cosas. Necesito ir encontrando piezas que sirvan para la elaboración de una narración. Descubrir casualidades que sin duda no deben serlo realmente. Lo que uno necesita va apareciendo delante de sus ojos precisamente en la medida en que se requiere. Esas casualidades posiblemente descubren objetos, circunstancias, pensamientos, gente, que orbitaban entorno nuestro de forma invisible, porque no necesitábamos verlos. Aparecen de repente, como teletransportados desde otra dimensión, ante nosotros y ante nuestra llamada, ante nuestra interrogación. Son respuestas. Y en mi caso elementos que incorporar o no; materiales que transformados pasan a integrarse en el proceso del trabajo de escribir, que me ayudan muchísimo a explicarme, circunstancias que -como de forma mágica- condensan y representan por si mismos lo que en mi cabeza parecen ser largas cadenas informes de palabras.
Pop-pins, en cuanto proceso recreativo (y a pesar de todas las vicisitudes por la que ha ido pasando, desde cambios de objetivos y planteamientos, hasta las dificultades vitales últimas con que me he tropezado para acometer la escritura en sí), me está proporcionando un territorio muy cómodo de trabajo. La novela es la que ha elegido el momento de cobrar forma escrita, después de mucho tiempo de hibernación y transformaciones a priori. Así que tengo que pensar que en vez de calificar las dificultades citadas como elementos en contra del proceso de escritura, lo lógico es contar con ellas como parte de dicho proceso, como procedimiento. Tal actitud surge de forma natural: es lo que ha sucedido, como ya he contado, con las últimas experiencias vividas en el hospital como cuidadora durante casi un mes de un familiar muy querido. De ellas parte la idea de intentar armar una estructura casi-narrativa muy flexible: a base de patas sinápticas entre los diferentes pop-pins (o capítulos, para entendernos), siempre teniendo en cuenta que las sinapsis son altamente plásticas y cambiables.
En fin, retomando la cuestión de las casualidades aparentes, estas circunstancias personales que me han obligado a ralentizar el ritmo de escritura de la novela, apenas comenzada en firme, serían una de tales, en este caso altamente determinantes.
Otra casualidad que me apetece referir ahora es el conocimiento por mi parte, hace unas semanas, de la realización (entre octubre de 2009 y enero de 2010) de una intervención fotográfica urbana en Barcelona a cargo de Ricard Martínez, llamada “Forats de bala”, (Arquelogía del punt de vista) y que consistió en colocar dos fotografías de Agustí Centelles [*]–reproducidas a tamaño “real”, digamos, o sea a tamaño de lo fotografiado- en el mismo lugar urbano en el que fueron obtenidas entre el 19 y el 20 de julio de 1936. Se trataba de reintroducir una escena del pasado en el paisaje actual, haciendo coincidir las coordenadas de perspectiva entre ambos. El resultado es cuando menos inquietante: una singularidad, diríamos, histórico-espacio-temporal (o algo así).
Leí el artículo sobre “Forats de bala” en el suplemento Cultura/s justamente en los mismos días en que andaba trasteando con Google Street, en busca de imágenes actuales de algunos escenarios de mi infancia, con los que quería jugar en una parte de la novela. Al asomarme a ellos en Google Street me emocioné mucho al ver algunas calles, casas, etc, que hacía mucho que no veía. Pero también sufrí una clara decepción, pues lo que veo ahora no es realmente lo que me interesa de esos escenarios, que ya no me son vitalmente propios. Eso es lógico. Y al descubrir lo que había sido la instalación de Ricard Martínez, entendí lo que buscaba: practicar agujeros en los escenarios actuales y en ellos colocar mis imágenes del pasado. Mezclar los tiempos. Así que esta casualidad me proporcionó otra clave para abordar la escritura de algunos capítulos de Pop-pins, puesto que la instalación urbano-fotográfica no sólo se me ha adelantado (y proporcionado pistas valiosísimas) en cuanto al método, sino también en cuanto a uno de los temas que aparecerán en la novela: aquel pasado de revolución y frustación de los años treinta del siglo pasado, y que algunas generaciones de españoles heredamos como un común denominador bastante determinante de nuestra genética social (de una u otra manera). Para preparar esa parte de la novela (que no habla de la guerra civil, sino de nosotros) he leído unos cuantos libros; particularmente referidos al movimiento anarcosindicalista en Aragón, pues en la época que me interesa tuvo un peso y protagonismo decisivo. Por eso he leído bastantes referencias acerca de Joaquín Ascaso (presidente del Consejo de Defensa de Aragón entre 1936 y 1937) y de Francisco Ascaso (de perfil en la foto, a la izquierda), primo suyo y destacado activista anarquista. Ambos aparecen en esta foto de Agustí Centelles junto a un soldado, poco antes de que Francisco Ascaso muriera de un tiro en la frente durante el asalto al cuartel de las Atarazanas.
La fotografía proviene del blog Antrópograf: Isidre Santacreu. En ella posan junto a la fotografía de Centelles los heredederos de éste y Ricard Martínez. Creo que en esta fotografía de la fotografía la instántanea tomada por Centelles en 1936 no aparece bien introducida en el espacio actual; la idea es que coincidan líneas de edificios, árboles… En Cultura/s aparecía así, y entonces se produce realmente la singularidad histórica-espacio-temporal.
* La obra de Agustí Centelles está de actualidad por razones no artísticas, no históricas, por razones crematísticas y políticas: http://www.google.es/search?hl=es&rlz=1W1GZEZ_es&tbs=nws%3A1&q=Agust%C3%AD+centelles+archivo&aq=f&aqi=&aql=&oq=&gs_rfai=



